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El tango que vino de Italia
First, septiembre de 2001

El caso Vinicio Capossela es único, porque no tiene explicación. Un cantautor que ha abrevado en la música melódica italiana, pero que enseguida ha comenzado a viajar, sin descanso, siempre solo. A viajar en sentido figurado, porque este italiano nacido en Hannover (su padre es italiano y su madre alemana) en 1965, pocas veces ha llevado su música fuera de los límites de Italia (en noviembre de 1995 dio un concierto en el Teatro de la Ville de París), aunque su discografía se encuentra plagada de música balcánica, bayones, boleros, mambos, congas, rumbas y tangos. Capossela es un no alineado (también un desaliñado que se ha dejado fascinar por el look Tom Waits), un divergente. Con su último disco, Canzoni a manovela ("Canciones a manija"), privilegió en grado sumo la marginalidad de instrumentos atípicos y curiosos (baladas con atmósfera parisina, una poesía excéntrica, que rinde tributo tanto a D'Annunzio como a Céline, tanto a Bukowski como al escritor que Capossela más admira: John Fante).

Vinicio Capossela fue descubierto en 1983 por el padre de los cantautores italianos, Francesco Guccini. Su historia, hasta 1983, se parece a un mal film de Hollywood: un grupo de hard-rock, The Hurricane (una época que es mejor olvidar, una época de instrumentos desafinados y sonidos discordantes, pero que extrañamente Capossela no se cansa de recordar, tal vez porque encuentra que la historia de The Hurricane se parece mucho a la de The Commitments), más tarde, luego de la disolución del grupo, bares, pubs y nightclubs de Parma cantando a dúo con su novia: ella cantaba, él tocaba el piano. 1990 es el año del reconocimiento oficial: graba, como solista, un "disco nocturno", lleno de baladas melancólicas y súbitos ataques eufóricos: All'una e trentacinque circa (Alrededor de la una y treinta y cinco"). A ese disco seguirán Modì (la abreviatura de Modigliani, a quien está dedicado uno de los temas), Camera a sud (Habitación al sur"), Il ballo di San Vito ("El baile de San Vito", alusión al Mal de San Vito, la enfermedad más acorde a la música caposseliana, el usufructo del movimiento involuntario antes de la aparición del éxtasis), Live in Volvo (un disco en vivo en el que Capossela sorprende a los asistentes al concierto con dos tangos: "Cristal", de Contursi y Mariano Mores, y "Scivola vai via", un tema de su autoría que decide introducir con el "Nocturno en mi barrio" de Aníbal Troilo, a quien rinde tributo imitando abiertamente.

Con Canzoni a manovela, el sexto álbum, Capossela juega peligrosamente con la locura, hace ostentación de su excentricidad de dandy linyera condenado a atravesar el tiempo con una ironía desesperada. Es la obra de un genio que ama los disfraces y los uniformes, los pianos viejos, la patafísica, los trenes y los transatlánticos. El disco comienza con un homenaje a Louis-Ferdinand Céline y su Bardamu (el personaje de la célebre novela Viaje al fin de la noche). Todos los temas están instrumentalizados con intervenciones mínimas. Hasta el piano suena de un modo particular. Pobres instrumentos, cortos respiros. Una suerte de pequeña sinfonía, daguerrotipo y espectáculo teatral.

Todos los personajes de las canciones de Capossela parecen perseguidos por la maldición de ser como son. Caminan alegremente sabiendo que algo fatal está cerca, pero no pueden ni quieren hacer nada para remediarlo. Siguen adelante, cayendo cada vez más en el "embudo de la vida". Lo que Capossela verdaderamente ama es el lenguaje. ¿Por qué? Porque es lo único verdaderamente suyo; la música depende de quien se invite a tocar y de una larga serie de coincidencias.

Capossela prefiere sobre todas las cosas la Caballería Rusticana y los discos de ruidos para películas. No importa qué ruidos, le gustan todos, pero siente cierta debilidad por los disparos. Le parece divertido escuchar disparos en el estéreo del auto mientras está detenido en un semáforo en rojo. Haga lo que haga, seguirá considerándose un cantante de tangos, porque es la música que más se adapta a su estado de espíritu, porque es la música de la ausencia, de algo que fue y ya no es.